Recogida de escombros

Historia y evolución de los áridos

Ya en la Antigüedad, el empleo de los áridos ha contribuido al desarrollo de la civilización humana.

Durante el período de tiempo comprendido entre la Antigüedad y la revolución industrial del siglo XIX, los áridos se extraían en las proximidades de los centros de consumo con el fin de evitar el transporte de estos.

No existían medios mecánicos para la extracción de los mismos. Se empleaban medios manuales, tanto para su extracción como para su trituración y clasificación (mazas, picos, cuñas, martillos, cedazos, etc.).

El descubrimiento del cemento y del hormigón a finales del siglo XIX supuso una revolución en el arte constructivo. Ello, unido al desarrollo de líneas de ferrocarril, vías de comunicación, puentes y puertos, supuso la utilización de inmensas y variadas cantidades de áridos.

Comienza entonces el verdadero auge de los áridos como sector productivo, dependiente en gran medida de la actividad constructora.

A lo largo del siglo XX, fueron desarrollándose nuevas tecnologías que permitieron incrementar las producciones mediante la incorporación al proceso de maquinaria fija y móvil, cada vez con mayor capacidad. De este modo, ha ido creciendo el tamaño de las explotaciones de áridos a cielo abierto, denominadas canteras y graveras. Hoy en día, una explotación moderna puede llegar a producir más de un millón de toneladas al año.

En el siglo XXI la industria extractiva de los áridos se ha convertido en uno de los sectores mineros más importante. Permite proveer a la sociedad de las materias primas para su desarrollo. En España, aproximadamente el 58% del total de las explotaciones mineras son de áridos, seguidas de lejos por sectores tan conocidos como la roca ornamental con el 21% o los minerales industriales con un 5%.

Procesos de transformación y reciclado del árido

El proceso de tratamiento de los áridos permite obtener productos terminados aptos para el consumo. Se trata de un proceso muy automatizado y tecnológicamente complejo, pues intervienen en él una gran cantidad de disciplinas.

Sin embargo, en cuanto a su principio básico, puede decirse que es sencillo. Consiste en triturar el todo-uno procedente de la explotación para obtener tamaños menores y clasificarlos con el fin de almacenar por separado cada granulometría. En algunos casos, es necesario lavar el material para mejorar sus características.

Las etapas básicas son:

  • La trituración y la molienda
    • La trituración y la molienda permiten disminuir, en sucesivas fases, el tamaño de las partículas. Se emplean para ello equipos de trituración de características diferentes como los de mandíbulas, los de percusión, los giratorios o los molinos de bolas o de barras. En las arenas y gravas de origen aluvial, únicamente se trituran los tamaños superiores y, por lo tanto, el número de etapas de trituración suele ser inferior.
  • La clasificación
    • Entre las etapas de trituración, aparecen intercalados los equipos de clasificación, las cribas. Estas permiten seleccionar el tamaño de las partículas separándolas entre las que pasan y las que no pasan por las mallas. De este modo, se logran áridos de todos los tamaños posibles, en función de la demanda del mercado.
  • El lavado
    • Las operaciones de desenlodado y lavado del material se realizan cuando el yacimiento presenta lodos, arcillas u otras sustancias que afecten en la calidad de los áridos. Esto permiten obtener áridos limpios con el fin de responder a las necesidades de determinadas aplicaciones de la industria, evitando así la alteración de la adherencia con los ligantes (cemento, cal, compuestos bituminosos u otros) y permitiendo proceder a su correcta aplicación.
  • El almacenamiento
    • En la etapa de almacenamiento, gracias al control del proceso de fabricación, ya se dispone de productos de calidad clasificados según su granulometría, que se almacenan en silos o en apilamientos a la intemperie o cubiertos, llamados acopios.

El reciclado de residuos de construcción y demolición

De los RCD mencionados pueden obtenerse áridos reciclados aptos para ser consumidos, siempre y cuando cumplan los requisitos de calidad exigibles para cada una de las diferentes aplicaciones. Para ello, es muy importante que el residuo haya sido seleccionado en origen, de manera que se evite la mezcla de materiales no deseados, que perjudican la calidad del producto final.

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